Solíamos quedarnos , junto con mis hermanas, a cenar . Pero lo mas divertido de comer con el abuelo no era la comida sino cuando terminabamos porque llegaba el tiempo de las historias de terror. Esas historias de campo: la luz mala, el lobizon...
Siempre eran las mismas historias y el miedo era exactamente igual cada vez.
El disfrutaba contando mientras nos veía las caritas de espanto y a nosotras nos encantaba escucharlo.
Luego nos acompañaba a cruzar la calle y tras un triple :
-"Chau Abue, que sueñe con los angelitos."
corríamos desaforadas, apenas unos metros, hasta casa. Terriblemente felices!
Recuerdo su andar cansado, su enorme y profundo amor a los caballos...
Abue ¿ cuantos caballos te regalo Dios? No me digas nada, se que muchos.

